Histórica ciudad de Zaña: entre las ruinas y la fe, espera la llegada del Papa León XIV
Last updated on abril 20th, 2026 at 04:24 pm

El silencio de las ruinas de Zaña no es olvido, es memoria viva. Allí donde el viento ahora recorre muros desnudos e iglesias erosionadas, alguna vez latió una de las ciudades más ricas e importantes del Virreinato.
Zaña se ubica en el norte del Perú, dentro del departamento de Lambayeque, aproximadamente a 770–780 km al norte de Lima. Fundada en 1563 como Santiago de Miraflores de Saña, fue conocida como la “Sevilla del Perú”. Sus calles estaban marcadas por el poder económico, el comercio de azúcar y algodón, y la imponencia de sus templos barrocos. Era una ciudad de hacendados, de fe intensa y de vida próspera.

Pero la historia —como el río— puede cambiar de curso sin aviso. En 1686, el saqueo del corsario Edward Davis dejó cicatrices profundas. Sin embargo, fue la naturaleza la que terminaría por escribir el capítulo más doloroso: en 1720, las lluvias intensas asociadas al fenómeno de El Niño desbordaron el río Zaña y arrasaron la ciudad casi por completo. Iglesias, casonas, archivos… todo quedó sepultado entre barro y desolación.
Se dice que, si este suceso no hubiera ocurrido, Zaña habría sido la capital del Perú y la historia sería otra.
Entre sus escombros sobrevivió algo más fuerte que la riqueza: su identidad. La presencia afroperuana, forjada en siglos de resistencia, se convirtió en el alma de este territorio. La música, la tradición oral, la fe popular y la memoria colectiva mantuvieron viva a la ciudad que el agua intentó borrar.

Hoy, caminar por Zaña es recorrer una historia interrumpida. Las ruinas del convento de San Agustín, los restos de antiguas iglesias y las estructuras coloniales erosionadas son más que vestigios: son testigos. Cada piedra habla de esplendor y tragedia, pero también de permanencia.
De sus cenizas emergió una identidad poderosa, marcada por la herencia afroperuana. Aquí, la cultura no solo resistió: floreció.
La gastronomía de Zaña es hoy uno de sus mayores orgullos. Sabores intensos, recetas ancestrales y dulces tradicionales como las conservas, el manjar blanco y los postres a base de caña evocan siglos de historia viva en cada bocado.
La música y la danza también cuentan su propia historia. Los bailes afroperuanos, llenos de ritmo, cajón y zapateo, siguen transmitiendo la fuerza de una comunidad que convirtió el dolor en expresión cultural. Cada celebración en Zaña es una afirmación de identidad.
Y para comprender esa memoria, existe un lugar imprescindible: el Museo Afroperuano de Zaña, también conocido como museo de la esclavitud. Allí se preservan testimonios, objetos y relatos que recuerdan el paso de miles de africanos traídos durante la colonia y cómo su legado se convirtió en parte esencial de la identidad del norte peruano.
Y este 2026, Zaña no solo recuerda: se prepara para renacer. En el marco de los 300 años de la canonización de Santo Toribio de Mogrovejo, se ha iniciado un Año Jubilar que vuelve a poner a esta ciudad en el centro de la fe y la historia del país.
Cabe recordar que Santo Toribio de Mogrovejo, segundo arzobispo de Lima y patrono del episcopado latinoamericano, murió el 23 de marzo de 1606 en el convento de San Agustín en Zaña, durante una visita pastoral.
Todo apunta a que el papa León XIV visitará el Perú entre noviembre y diciembre de este año, y Zaña figura como uno de los escenarios centrales. Su llegada, prevista para la clausura del Jubileo Toribiano, no es solo un acto protocolar: es un gesto simbólico de enorme fuerza.
El papa, que fue obispo en Chiclayo, volvería a reencontrarse con una historia que se niega a desaparecer. Zaña, la ciudad que fue arrasada por el agua, podría recibir al líder de la Iglesia católica entre sus muros incompletos, pero con una inquebrantable fe que la sostiene a pesar de los avatares de los siglos.

