El muelle de Pimentel: De símbolo de la bonanza económica a atractivo turístico

Last updated on octubre 22nd, 2026 at 03:37 pm

Corrían los años 1910 cuando el Muelle de Pimentel empezó a operar, siendo sus años de máximo esplendor comercial e industrial entre las décadas de 1920 a 1950.A inicios del siglo XX, las grandes haciendas de la región Lambayeque- Perú (como Pomalca, Pucalá y Tumán) experimentaron un crecimiento agrícola masivo. El muelle se convirtió en el principal punto de exportación hacia el mercado internacional para enviar azúcar, algodón y café.

A inicios de siglo XX se había formado la Compañía del Ferrocarril y Muelle de Pimentel integrada por empresarios e industriales azucareros locales, la misma que impulsó su construcción e instaló la red ferroviaria que conectaba Chiclayo y las haciendas con el puerto.

A partir de su funcionamiento en 1915, las locomotoras a vapor llegaban hasta el extremo del muelle para desembarcar mercadería directamente hacia las embarcaciones. Durante su punto más alto, a finales de la década de 1950, el complejo portuario llegó a movilizar casi 500,000 toneladas métricas de carga anuales, además de contar con decenas de vagones de mercancía y servicios de pasajeros. No obstante, a partir de los años 60, el desarrollo de la Carretera Panamericana y la llegada de camiones pesados hicieron que el transporte por carretera fuera más rápido y económico que el tren. En aquella época, la construcción y modernización de puertos de aguas profundas como Salaverry redujo drásticamente el tráfico marítimo en Pimentel.

En la década de 1970, aproximadamente hacia 1975, la operación del ferrocarril azucarero y las tareas de embarque cesaron definitivamente, dando inicio a la transición del muelle como patrimonio histórico y atractivo turístico.

Tras décadas de deterioro comercial y abandono tras el cese de sus actividades de embarque, el muelle fue recuperado para el turismo. A través del Plan Copesco del Ministerio de Comercio Exterior y Turismo, se aprobó el proyecto de acondicionamiento e infraestructura. La gran inauguración del muelle remozado ocurrió en marzo de 2013, transformándolo oficialmente de un muelle industrial a una pasarela peatonal turística.

Actualmente, el muelle ofrece diversas atracciones culturales, recreativas y paisajísticas. Caminar los casi 700 metros sobre el mar ofrece vistas espectaculares del Océano Pacífico, la bahía de Pimentel y el horizonte. El muelle es uno de los mejores puntos fotográficos del norte peruano para presenciar la puesta de sol, cuando el cielo se tiñe de tonos anaranjados y púrpuras.

Tanto locales como visitantes utilizan el barandal para la pesca con cordel o caña. Además, desde el borde se puede observar la llegada de pescadores desembarcando especies frescas. Desde la plataforma superior se aprecia a los artesanos de la costa manejando los tradicionales caballitos de totora, embarcaciones ancestrales de origen Mochica que siguen utilizándose para adentrarse al mar.

A lo largo del recorrido se conservan los antiguos rieles y vagones del ferrocarril, recordando la época en que el muelle servía para la exportación de azúcar de las haciendas chiclayanas.

En la entrada y zonas aledañas del malecón se ubican pequeñas casetas de artesanos donde se pueden comprar souvenirs, recuerdos marinos, productos hechos a mano y disfrutar de exposiciones de fotos históricas.

Aún se aprecian los rieles que atraviesan la estructura de hierro y madera, por donde las locomotoras de la Compañía del Ferrocarril y Muelle de Pimentel transportaban directamente la producción azucarera de las haciendas lambayecanas hasta los barcos de gran calado fondeados mar adentro.

Después de más de un siglo, 116 años para ser más exactos, el Muelle de Pimentel sigue erguido e impasible, como un gran gigante, internado en el Océano Pacífico para custodiar las historias, memorias y sueños de todos los que alguna vez transitaron sobre sus maderas.

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