El Grito de Damián

En el sector Morrup, las iguanas vivían felices en medio de la inmensa vegetación por la abundancia de agua y los habitantes hombres y mujeres que trabajaban la tierra, lograron construir una represa que se encontraba arriba del partidor la Puntilla a lo largo del río Chancay en la región Lambayeque, en el norte de Perú.
La población empezó a crecer y se posesionaron en las zonas donde se podía aprovechar el agua que se quedaban reservada después de la temporada de lluvias para cultivar la tierra. Pasaron muchos años y el hombre fue poblando la mayor parte de la zona de Morrup en la parte baja de Lambayeque. El agua se fue agotando, porque los campesinos fueron incrementando el área de tierra cultivada. También fue ampliándose la tala indiscriminada de árboles y la vegetación silvestre se fue extinguiendo.
La misma suerte corrieron las especies animales como los zorros, los venados, las palomas, los chiscos y todas las especies animales y pájaros, se vieron afectados porque ya no encontraban donde refugiarse y mucho menos cómo alimentarse, por eso migraron a otros lugares, pero como la depredación del hombre avanzaban, los animales fueron pereciendo y se extinguieron.
Las iguanas a pesar de su condición de reptil, eran las más fuertes, porque aun se quedaron a luchar por su sobrevivencia. Los acompañaban los cáñamos, las lagartijas y los insectos, que quedaban en la poca vegetación que dejaron los humanos.
Sin embargo, debido a que se incrementó el hambre y la necesidad de cultivar más tierra por parte de los campesinos, después del apogeo de la naturaleza, empezó a escasear el agua, las lluvias empezaron ausentarse y en la época lluviosa, ya no se producían lluvias con mayor intensidad. Entonces el reservorio se empezó a secar. Los que mas sufrieron fueron los habitantes de la parte baja y mas alejada, entre ellos el sector de Morrup.
Con los habitantes de la zona, quienes sufrieron el impacto también fueron los animales en sus diversas especies. Entre ellos estuvieron las iguanas, que poco a poco se tuvieron que adaptar a un nuevo ecosistema seco, en donde la vegetación se transformó de verde a seca. Esto ocasionó que las emblemáticas iguanas en el norte peruano se vayan extinguiendo.
Damián, así llamaron los campesinos a uno de las iguanas que se resistía a los embates del cambio climático, el mismo que se confundía entre los animales que habían logrado domesticar los habitantes. Damián, al no encontrar agua para beber en las acequias, aprovechaba cuando los campesinos daban agua a sus cabras y asnos, cuando ya se retiraban las cabras, ovejas y los asnos, el reptil con su rostro entristecido como pidiendo de favor que le permitan seguir viviendo, se desliaba lenta y sigilosamente hasta los bebederos para saciar su sed con los residuos que dejaron las otras especies.
Al término Damián miraba a todos lados para asegurarse que ningún humano le pueda interferir, aprovechaba para darse un chapuzón y refrescarse ante el sofocante calor que reinaba en la zona.
Luego, Damián lentamente se retiraba y se deslizaba por las dunas de arena suelta en busca de su cueva y otras veces subía a los árboles secos desde donde daba gritos como una muestra de protesta por la depredación de su habitad, que lo dejó en la soledad y sufrimiento, camino a la extinción de su especie, tal como terminaron miles de especies en la inmensidad de la evolución de la naturaleza, pero afectada por la intervención del hombre.
La historia de Damián, es la que han sufrido miles de especies tras la depredación de su habitad por el hombre, quien por buscar su sobrevivencia y por la falta de sólidas políticas de preservación por parte de los Estados, ha ocasionados graves e irreversibles consecuencias.

