El Chancho Académico

Eliseo, era un chancho que provenía de una numerosa familia de cerdos en una granja de una familia campesina de una aldea llamada Tunque en la sierra peruana, en donde había mucha pobreza y abandono, marginación y abuso.
El cerdo tomó unas monedas de su padre, quien estaba en la cárcel porque se había adueñado de algo que no era de su propiedad, por lo que terminó preso por la justicia de los marranos. Eliseo, dejó su tierra y salió rumbo a la ciudad en donde buscaba estudiar y poder abrirse nuevos espacios, según pensaba para no quedarse en el lugar donde nació, sus hermanos le lloraron para que no se vaya, a pesar de ello partió comprometiéndose a que regresaría por ellos cuando haya encontrado fortuna y pueda ayudarles a salir de ese estado de pobreza.
Eliseo, se caracterizaba por su fuerza, su ambición por encontrar fortuna, no era un chancho cualquiera, tenía interés por avanzar y no convertirse en alimento de los humanos, pero también era egoísta y despreciaba a los demás, que no fueran sus parientes. Era un cerdo avariento y muy interesado en acumular riqueza y hambriento, hurgaba más de la cuenta, sin importar pisotear a los demás.
Llegó a la ciudad más cercana, pero no se conformó con lo que encontró, prosiguió hasta llegar a una ciudad de la costa en donde había más desarrollo y posibilidades de poder lograr sus metas y objetivos.
Se estableció allí, logró ingresar a la escuela de cerdos para estudiar y era tan faltoso que apenas, sabía sumar, se creía inteligente y se burlaba de los demás, decía que dominaba matemáticas, hasta que un buen día encontró alguien que lo retó y no respondió, quedando en ridículo.
Con una mirada fina para los negocios, Eliseo se dio cuenta que había muchos de su condición que requerían aprender algo y creó una especie de academia para brindar clases y así poder ganar dinero. No se equivocó, le fue muy bien, en poco tiempo logro acumular dinero, se abrió con otros negocios, siempre en la educación y lucró y lucró.
Cuando fue visitado por el ente recaudador de impuestos, éste se negó a pagar impuestos. Para que no sea procesado, sobornó al funcionario y de esta manera evitó pagar al estado y siguió amasando fortuna.
Le iba muy bien, el negocio fue creciendo que contrató a otros de sus colegas para que trabajen con él, además abrió otros locales y ya no pudo seguir evadiendo impuestos, por lo que empezó a pagar, pero no como debiera, siguió sobornando a los funcionarios del ente recaudador para no pagar todo lo que debía contribuir por ley.
Pasaron años y este negocio lo replicó por otras ciudades. Eliseo, regresó a su tierra natal e invitó a sus hermanos para que salgan del lugar donde nacieron y así puedan crecer y mejorar sus condiciones de vida, hecho que lograron con su ayuda, pero finalmente cada uno eligió su camino y se fueron por distintas ciudades.
Eliseo siguió amasando fortuna y su egoísmo creció de tal manera que, con su fortuna pensó que debía de avanzar más allá de ser un cerdo afortunado, sino que debía ser famoso como los grandes escritores que escribían libros y la sociedad los reconocía como tal, además quería incursionar en política.
“Yo tengo mucha fortuna, pero no soy famoso, voy a escribir un libro”, pensó. Pero tenía una limitación. El talento no lo acompañaba y quería aparentar lo que no era. Eliseo quería que lo llamen doctor, pero no lo era.
Mientras tanto incursionó en política. Pagó una fuerte cantidad de dinero en una tienda política y lo admitieron como candidato a diputado representado a los cerdos de San Gabriel. En plena campaña repartió dádivas a los electores y su carta de presentación fue el éxito cerdo empresario que creció desde la pobreza y ahora quería servir al país y en especial a los de su especie.
Mientras los negocios de Eliseo, seguían creciendo, ya en el poder, se encargó usarlo para seguir enriqueciéndose y colocar muy bien a su familiar. Sus hermanos empezar adueñarse de las propiedades de otros, pisoteaban los derechos de otros para crecer hacer crecer su fortuna.
El astuto cerdo, no dejaba de pensar en la fama que le traería ser autor de un libro. En el mundo de la política marrana, veía que otros puercos como él, escribían libros y eran famosos, participaban de eventos académicos. Su ambición y la avaricia lo llevó a contratar y pagarle a alguien para le escribieron un libro y lo presentará a la sociedad académica como si él lo hubiera escrito. Terminado el trabajo solo lo ojeó, pero su emoción no le permitió leerlo, además que siempre tenía problemas para poder entender los contenidos. Así lo envió a la imprenta y ordenó a sus empleados que preparen todo para el acto de presentación.
El cerdo con fortuna, como no leyó el documento, no se percató que quien lo había escrito lo había plagiado de varios textos de autores diferentes.
En el día de la presentación convocaron a todos sus allegados y a la prensa, porque quería que todo el mundo se entere que había logrado un mérito académico y que a partir de ese momento debía de cambiar su estatus. Quería que le llamen doctor, es decir con esa obra quería convertirse en un chancho académico y debían reconocerlo como tal.
La presentación del documento estuvo a cargo de sus más allegados, otros chanchos sobones, mediocres y fanfarrones como él, que en la presentación se dedicaron a franelearlo y tratar de imponer una figura que, finalmente, no era.
Sin embargo, la alegría y la falsa imagen de lo académico que se había construido él sólo, fue como un castillo de arena y la prensa especializada en especies raras, terminó por traerse abajo ese castillo de arena.
Los verdaderos autores de los contenidos que se habían transcrito en ese libro que llevaba su nombre, salieron a reclamar los derechos de autor y denunciaron el plagio del que habían sido víctimas por este falso académico.
Eliseo optó por no responder a la prensa, porque, además, tenía problemas de articulación de las ideas para poder responder a las insistentes preguntas que le tenía la prensa, frente al escándalo del plagio.
Fueron hasta los tribunales más altos los verdaderos autores de los contenidos del libro de Eliseo, quien terminó hundido en el más espantoso desprestigio y convertido en el hazmerreír de todos, pero con mucha fortuna y dominando a la prensa con su dinero, además de navegar en el estiércol del poder político.

